¿Qué quiere decir transformar la energía?

Si estamos de acuerdo en afirmar que el sentido de la vida es transformar la energía de la que somos depositarios desde el momento de la concepción, muchos y muchas os haréis esta pregunta: ¿Qué significa transformar la energía?

Al hablar de la energía, podemos referirnos a dos estados diferentes, el de la energía primaria, vinculada principalmente -no únicamente- en la pelvis y los órganos que están ubicados en esta zona, especialmente del aparato reproductor y los intestinos, o al de la energía de la conciencia, vinculada especialmente -no únicamente- en la cabeza, en el encéfalo, con todos sus múltiples aspectos.

La energía primaria se caracteriza por la densidad, por la oscuridad en el sentido de no conocer lo que hay por estar alejado de la luz de la conciencia, por el caos, por una estructuración muy precaria. Es una energía que contiene el impulso de vida, una energía dotada de su propio conocimiento, un conocimiento instintivo, intuitivo, coherente, pero en la que la mente racional no tiene acceso. Por ejemplo, la semilla de un árbol, por pequeña que sea, contiene todo lo que se convertirá en su desarrollo hasta llegar a ser un árbol bien definido, un manzano por ejemplo.

La energía de la conciencia se caracteriza por la sutileza, por la luminosidad, por el orden, por una estructuración clara y coherente, sin confusión. La energía de la conciencia es como una estrella-guía que orienta la dirección constructiva de la evolución, y la energía primaria nos encarna, nos arraiga en esta realidad terrenal en la que existimos. Imaginemos una cantera o un montón de piedras amontonadas. Ahora imaginemos un pueblo construido con piedras de la cantera o del montón,  imaginemos también el plano elaborado por un arquitecto con el objetivo de construir el pueblo de una manera coherente y ordenada. La cantera o montón de piedras es la energía primaria, el potencial. El plano es la conciencia que orienta la transformación de las piedras en un pueblo con casas, calles, etc., todo bien diferenciado y manteniendo una unidad definida y armoniosa, que constituye el pueblo X.

Teniendo en cuenta lo que acabo de explicar, podemos afirmar que el origen de la humanidad, de manera similar al de cada ser humano, se caracteriza por una unidad densa, poco definida, caótica, donde los diferentes elementos que la constituyen están unidos pero no integrados, es decir están unidos sin mantener cada uno de ellos su propia identidad, lo que los diferencia entre sí. Imagínate una masa de barro o de yeso, antes de que un artista la convierta en figuras de pesebre.

La humanidad avanza hacia una unidad integrada, es decir, una unidad en la que cada uno de sus elementos constitutivos mantiene su identidad como tal, por lo que la unidad hacia donde vamos caminando es una unidad en la que la energía primaria y la energía de la conciencia, de una manera progresiva, se armonizan y se cohesionan, dejando de ser dos realidades polares y convirtiéndose en una unidad integrada, en la que cada uno de los elementos que la constituyen la enriquecen con sus propias características. Por lo tanto no sólo es una unidad bien definida e integrada, sin lugar a confusión, sino que la unidad final es enriquecida por la aportación de los aspectos propios de cada uno de los cuatro niveles que nos constituyen como seres humanos, el corporal, el vital, el emocional y el mental, aportando cada uno de ellos todo lo que ya sabemos que los caracteriza como niveles diferenciados, así como los aspectos de cada uno que aún nos son desconocidos, que permanecen en el misterio. Piensa en la diferencia entre la cantera o el montón de piedras, y el pueblo construido con piedras de la cantera o del montón de piedras amontonadas, o bien con la masa de barro o de yeso transformada en figuras de pesebre por la acción de un artista.

Por lo tanto, transformar la energía significa ir alineando las dos polaridades de la energía, la polaridad primaria y la de la conciencia. Este es un trabajo que debe empezar por nuestra propia energía, la que nuestros progenitores nos regalaron en el momento de la concepción, de la que cada uno -y sólo cada uno- es responsable.

Trabajando en la transformación de nuestra propia energía es como podemos cooperar, por resonancia, en la transformación de la energía de nuestro entorno, sin necesidad de convencer a nadie de lo que debe hacer o no debe hacer. Trabajar en la transformación de nuestra propia energía es una muy buena manera de contribuir al mejoramiento de la herencia familiar, tanto en el aspecto ascendente (padres, abuelos …) como en el descendente (hijos / as, nietos / as …)

Ramon V. Albareda, fundador del centro ESTEL, Centro de Crecimiento Personal y Escuela de Estudios Integrales.

2018-10-13T11:20:40+00:00

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