Cómo se transforma la energía I: referente de la naturaleza

Este tema consta de tres partes: I, II y III. En esta ocasión me centraré en la primera parte, intentando poner atención en el referente que la propia naturaleza nos ofrece, el cual es un ejemplo muy claro de cómo se transforma la energía. Me refiero al proceso de la concepción, gestación y parte del ser humano.

Un óvulo fecundado no es una cosa cualquiera. A pesar de ser un puntito muy pequeño, sólo visible al microscopio, constituye un germen de vida. Este puntito tan diminuto es energía condensada y contiene, en potencia, todo lo que aquel ser desarrollará durante su vida. El ser humano en potencia no podrá agotar todas las potencialidades contenidas en el microscópico óvulo fecundado. Al hablar de potencialidades me refiero a todas las facetas de la vida humana, es decir, el cuerpo físico, la biología, el cúmulo de emociones y sentimientos, a las facultades mentales y otras capacidades, tanto en relación a las dos polaridades (receptiva y proclive) como las dos dimensiones (individual y social).

El óvulo, falto de impulso de transformación cuando se desprende del ovario, es fecundado por un espermatozoide en su recorrido por la trompa de Falopio, conviertiendose en germen de vida, y cuando llega al útero lo primero que hace es engancharse a la pared uterina, es decir se encarna, toma cuerpo, estableciéndose un vínculo con la madre por medio del cordón umbilical. Este hecho se llama anidación. Este primer paso es tan importante que, si por alguna razón no se da, se produce la interrupción del embarazo.


Una vez el germen de vida ha anidado en la pared del útero, continúa el proceso de transformación. El siguiente paso es la constitución de una masa amorfa sin forma humana, a excepción del corazón, que empieza a latir. Esta fase de transformación de la nueva vida, carente de forma humana, se denomina fase embrionaria y se prolonga hasta las 10-12 semanas aproximadamente.

A partir de los tres meses de embarazo, la vida en transformación ya empieza a tener una forma humana,progresivamente más clara y definida hasta llegar al término del embarazo, momento en el que la vidahumana en transformación ya tiene una forma bien definida y se encuentra preparada, madura, para nacer, para salir a la luz. Esta fase, desde el cuarto mes de embarazo aproximadamente hasta el parto, se denomina fase fetal.

Es muy importante poner atención en algunos aspectos de este proceso que acabo de describir para captar algunos de los mensajes que la naturaleza nos quiere transmitir:

  1. Un óvulo solo no es capaz de activar un proceso de transformación, al igual que tampoco son capaces los espermatozoides solos, es necesaria la fusión, el óvulo en el rol receptivo y el espermatozoide en el rol proclive.
  2. Sin anidación (corporeización) el proceso de transformación de la energía no prospera.
  3. La fase siguiente a la anidación es la embrionaria, fase amorfa en la que sólo se puede ver el latido del corazón.
  4. La fase en la que ya se puede visualizar una forma humana, la fetal, no comienza hasta hacia el cuarto mes de embarazo.
  5. La nueva vida sólo está preparada para salir a la luz cuando se han cumplido debidamente las fases anteriores.

Finalmente, hay que observar con especial atención que todas las fases, hasta el nacimiento, suceden en la oscuridad del útero, oscuridad en el sentido de que la mente no tiene acceso. También es importante remarcar que las fases de transformación hasta el nacimiento suceden por el propio impulso del germen de vida en simbiosis con la madre por medio del cordón umbilical, sin que la mente tenga ningún papel relevante, a excepción de estar presente acompañando y apoyando el proceso, misterioso para ella, y aceptando humildemente su propia limitación y la ausencia de protagonismo.

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Ramon V. Albareda

Psicólogo. Teólogo. Sexólogo.

Creador de ESTEL, Centro de Crecimiento Personal y Escuela de Estudios Integrales.

 

2018-10-13T11:21:17+00:00

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