Como se transforma la energía II: aplicación del referente

Aviso importante: Si no has leído el artículo anterior ¿Cómo se transforma la energía I: referente de la naturaleza, hazlo ahora, antes de leer este, ya que éste toma como paradigma o modelo anterior.

En el primer artículo concluimos que el sentido de la vida es transformar la energía de la que somos depositarios desde el momento de la concepción.

En el segundo veíamos que significa transformar la energía, y en el tercero, el anterior a este, nos centramos en el modelo de transformación de la energía que nos ofrece la propia naturaleza: el proceso de embarazo, desde la concepción hasta el nacimiento.

Sin embargo podemos afirmar que tal como se transforma la energía de un óvulo fecundado, así mismo es como se transforma la energía en general.

Para que el proceso de transformación de la energía tome una dirección constructiva, hay una actitud favorable por parte de todos los niveles estructurales. Hay una mente abierta y receptiva a la energía y a su proceso de transformación. El cuerpo también debe estar relajado y receptivo, y en las emociones y sentimientos hay que fomentar también una actitud de apertura y acogida incondicional.

Del mismo modo que un embarazo deseado en la concepción, acogido y acompañado relajadamente y amorosamente durante todo el proceso de gestación, y parido en un marco adecuado y en un clima amoroso de acogida esperanzado es garantía de un buen comienzo de aquella nueva vida, así mismo ocurre con la transformación de la energía.

Cuando vivimos una situación que nos moviliza (remueve) interiormente, la energía primaria se excita y se amplifica, igual que en la concepción. Para facilitar su transformación, en primer lugar hay que acogerla corporalmente, y esto se hace con el cuerpo relajado y respirando pausadamente y con conciencia la sensación experimentada. Esta etapa es comparable a la anidación del óvulo fecundado, sin el cual el proceso de embarazo queda interrumpido.

La etapa siguiente consiste en “gestar” la energía movilizada y acogida en el cuerpo, dejando que vaya haciendo su propio proceso madurativo, sin prisas en querer saber qué es lo que se ha movilizado. Hay que tener presente que en el embarazo, en la transformación del óvulo fecundado hasta estar preparado para el nacimiento, deben pasar unos nueve meses, de los que, en los tres primeros o fase embrionaria, no es posible identificar aquella vida como una vida humana con formas y sexo bastante definidos.

Pretender forzar o acelerar el proceso madurativo sería como querer parir antes de tiempo.

El paso siguiente es la expresión del contenido ya definido, expresión que debe darse en el momento adecuado. Frecuentemente los procesos de transformación de la energía se abortan por la tendencia a expresar su contenido antes de tiempo, lo que es negativo para el propio contenido insuficientemente elaborado, para el interlocutor que recibe la expresión, ya que a menudo la recibirá con poca definición y le será difícil identificarla con claridad, y también para quien se expresa, ya que se quedará insatisfecho/a  de lo que ha expresado de manera poco madura, poco clara y, al constatar que no ha sido recibido ni comprendido lo que quería transmitir, se sentirá confundido/a y frustrado/a.

Hay que añadir que, si bien la expresión prematura de un contenido vital puede abortar el proceso de transformación de la energía, también lo puede dañar retrasar o no expresar el contenido cuando ya está suficientemente maduro para salir a la luz. Esto mismo ocurre en el embarazo, si se sobrepasan excesivamente los nueve meses de gestación.

Cabe decir que si la expresión prematura se da en un grupo, a veces hay alguna persona que, por afinidad y complicidad con quien se ha expresado, interviene aclarando el sentido de la expresión, lo cual será agradecida por quien se ha expresado. Esta persona que interviene para aclarar la expresión poco madura de su amigo/a la podemos comparar a la incubadora que ayuda a completar la maduración del bebé nacido antes de tiempo, lo que facilita que el proceso de la nueva vida pueda llegar felizmente a cabo.

De manera similar podríamos comparar al médico que practica una cesárea cuando una persona no expresa en un grupo el que debería expresar, y el amigo interviene para animarle a que lo exprese.

Como conclusión podemos afirmar que hay unas actitudes básicas en la transformación de la energía, al igual que lo son en el proceso del embarazo: la receptividad, la acogida, la espera relajada y amorosa; la ausencia de prisas, de prejuicios, la aceptación y amor incondicionales, y también la expresión clara y decidida cuando el proceso madurativo ya ha llegado a término.

Próximo escrito: Cómo se transforma la energía III: un ejemplo detallado.

Ramon V. Albareda

Psicólogo. Teólogo. Sexólogo

Creador de ESTEL, Centro de Crecimiento Personal y Escuela de Estudios Integrales

2018-10-13T11:22:02+00:00

One Comment

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    Alejandra Oliden 29 junio, 2020 at 9:34 pm - Reply

    UN gran ejemplo

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