La Pareja: evolución o estancamiento? II

Por el artículo anterior sabemos cuándo y cómo surgió el modelo de la pareja. Ahora podemos centrar la atención en la realidad actual y preguntarnos si la pareja evoluciona o es un modelo que aglutina muchos inconvenientes. Es importante constatar que la pareja nació en el marco de una sociedad patriarcal y obedeciendo a intereses materiales y de poder. Efectivamente, el matrimonio constituía una estructura de intercambio de intereses materiales de los jefes de familia, siempre hombres, utilizando la mujer como moneda de cambio: “yo te doy mi hija y tu me das tus tierras, o parte de las tierras, o … “.

Si bien es cierto que hacia mediados del siglo XIX se instauró el amor como centro de la pareja, no cambió la estructura contractual, que le atribuye una finalidad de intercambio de utilidades materiales. El hombre sigue como cabeza de la familia, es lo que la sostiene con su trabajo asalariado, y la mujer se ocupa de la casa y de la crianza de los hijos sin ningún salario asignado. Por lo tanto la pareja se centra en un amor material, interesado, que se utiliza como moneda de cambio. Es decir, el amor asociado a la pareja no es un amor desinteresado, gratuito, sino un amor interesado, mercantilizado.

Este modelo se ha mantenido más o menos estable durante bastante tiempo, aunque fuera por resignación, porque la mujer no era autónoma económicamente. Es un amor que mantiene sometida a la mujer en una estructura de la que no le es fácil liberarse. En esta estructura, la libertad en el ámbito sexual está mal vista y le es prohibida a la mujer, posesión exclusiva del marido. Para el hombre, en cambio, hay una mayor tolerancia y permisividad, a pesar de ser igualmente posesión exclusiva de “su” mujer.

A partir de que la mujer se ha ido emancipando de esta forma encubierta de esclavitud y ha ido logrando su autonomía e independencia económica, este modelo ha entrado en una profunda crisis. Tanto es así que, según las estadísticas, en la actualidad los divorcios oficialmente registrados de las parejas legalmente constituidas se acercan al 70%. En España se rompe una pareja cada 5 minutos.

Desde mi punto de vista, no hay ninguna duda de que el modelo tradicional de pareja ha entrado en una etapa de estancamiento y de crisis, tanto para la mujer como para el hombre. Esta crisis reclama una revisión a fondo y un cambio que signifique un salto cuántico. Por evolución creo que es difícil deshacerse de un modelo ancestral patriarcal que tiende a priorizar intereses materiales, de poder y de control político y social y que no facilita vivir el amor en su aspecto más genuino y esencial.

Actualmente se hace necesario “inventar” otra estructura de relaciones íntimas y familiares, ya que el modelo tradicional es muy difícil de transformar. El amor en que se basa la pareja actual, como ya he dicho, es un amor a menudo utilizado como moneda de cambio, y se encuentra condicionado por dos características que fácilmente lo pueden destruir o desvirtuar. Estas dos características son el cierre y la exclusividad, debido a dos grandes conflictos muy arraigados en el inconsciente individual y colectivo: los celos y el control y fiscalización de la pareja. Estos dos conflictos van destruyendo dos cualidades fundamentales de la vida y de las relaciones humanas: la confianza y la libertad. Esto es comparable a una bacteria o virus que, poco a poco, va destruyendo el amor.

El nuevo modelo a “inventar” debe ser transversal y debe fundamentarse en el amor gratuito, y en la cooperación en todos los aspectos. La cooperación debe incluir el desarrollo integral -individual y comunitario-, la corresponsabilidad económica, la crianza de los hijos compartida … y también debe salvaguardar los valores fundamentales y perennes de la existencia humana como son la libertad, la confianza incondicional y el amor gratuito, no mercantilizado.

Una tarea importante que podemos hacer como primer paso es intentar regenerar y revitalizar la pareja convencional, especialmente en el caso de las parejas que han optado -o deciden optar- por un proyecto de vida basado en el modelo convencional de pareja y familia. ¿Qué quiero decir con los términos “regenerar” y “revitalizar”? Me refiero a lo que ya están haciendo muchas parejas actuales como, por ejemplo, introducir en el marco de la relación de pareja y familiar, elementos innovadores. Me refiero a la corresponsabilidad en la economía; el reparto de las tareas del hogar; el establecimiento de una relación dinámica con los hijos que signifique la apertura de la pareja. Otro aspecto a introducir es la amistad y los encuentros con personas amigas, tanto individualmente -por parte de cada uno de los miembros de la pareja- como en pareja -los dos conjuntamente. También es importante la liberación respetuosa de determinadas costumbres y “obligaciones” familiares, a menudo asociadas a la pareja y en la familia.

Otra cosa importante es el diálogo entre la pareja, basado en la confianza y la aceptación incondicional, sin juicios. Las personas, a medida que pasa el tiempo, vamos cambiando, y es necesario el diálogo para ir tomando conciencia de cómo evolucionan, cada uno individualmente, y como pareja. Cada miembro de la pareja debe reflexionar y compartir con el otro qué cosas se aportan mutuamente y en qué cosas podrían mejorar. En el compartir hay que incluir las inevitables atracciones que cada uno puede sentir por otras personas, aprendiendo a verlas como una realidad humana legítima y natural. No hay que olvidar que sentir siempre es legítimo. Una cosa es cómo gestionamos lo que sentimos.

No hay duda de que es mejor compartir vivencias, temores y anhelos antes de que se conviertan en causa de malestar (desconfianza, discusiones, etc.) que buscar soluciones cuando ya ha explotado el conflicto.

Dialogar desde una actitud sincera, honesta y sin juicios sobre la atracción que cada uno de los miembros de la pareja pueda sentir por otras personas también puede ser de gran ayuda para ir superando los celos. Los celos son uno de los principales obstáculos para mantener inalterables la confianza y el amor incondicionales, pilares básicos de las relaciones humanas en general, y especialmente de la relación de pareja. Estas recomendaciones son válidas, tanto para las parejas heterosexuales como para las homosexuales.

Aunque esta tarea recomendada pueda parecer fácil, no lo es. La razón de la dificultad radica en la interferencia de patrones o clichés patológicos que llevamos incorporados en nuestro inconsciente y que nos hacen hacer o decir cosas que, en los momentos de lucidez consciente tenemos claro que no queremos hacer o decir. Por este motivo es posible que haya parejas que, para avanzar en esta dirección, necesiten recurrir a la ayuda de un acompañamiento profesional adecuado.

Esta tarea que acabo de describir es fundamental para mantener la vigencia de la pareja convencional como una forma y proyecto de vida coherente y saludable. Pero también hay que trabajar con valentía y constancia para intentar construir otros modelos que, como he dicho antes, signifiquen un salto cuántico en la evolución de la pareja y de la familia. Los modelos que hay que construir deben conformar una estructura base, coherente y válida, teniendo en cuenta las circunstancias actuales. La estructura debe atender las necesidades de la dimensión individual, y también las de la dimensión social del ser humano. Hay otros aspectos importantes a tener en cuenta a la hora de intentar construir nuevos modelos, que concretaré y desarrollaré en el próximo artículo.

Ramon V. Albareda
Psicólogo. Teólogo. Sexólogo
Creador de ESTEL, Centro de Crecimiento Personal y
Escuela de Estudios Integrales

 

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2018-10-13T11:34:55+00:00

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