La educación III: que corresponde al entorno social cercano, es decir, familia y amigos / as?

En este tercer artículo sobre la educación me centraré en el entorno social próximo a los padres ya sus hijos / as, es decir, en los familiares, amigos y amigas. En la tarea educativa a menudo se tiende a responsabilizar a los padres / madres y los / las maestros, casi en exclusiva. Es cierto que tanto los padres / madres como los / las maestros juegan un papel importante, pero no debemos olvidar que su tarea, aunque sea ejercida de manera responsable, cuidadosa y solidaria, si el entorno familiar y social no la refuerza de manera también solidaria y cuidando los pequeños detalles, el trabajo de los padres y maestros puede ser frenado o interferido por este entorno más amplio que constituye la familia y los / las amigos / as. Ciertamente que la tarea de los / las maestros es muy importante, pero no es el tema de este artículo. Hablaré en el artículo que se publicará el mes de noviembre.

Hay una etapa en la vida en que el entorno social lo eligen los padres. Es la etapa de la infancia.

Los padres son los que eligen sus propias amistades y, por tanto, el entorno con el que su hijo / a se relacionará. Las amistades de los padres constituyen otro referente que también influye en la configuración del carácter y en la manera de ser, pensar y actuar de los hijos / as.

También son los padres quienes eligen la escuela donde sus hijos / as recibirán la educación que corresponde a los / las maestros.

La libertad de los padres a menudo se encuentra limitada por circunstancias que no dependen de ellos. Me refiero a que no siempre pueden elegir el centro de preferencia por motivos de residencia, o por falta de plazas, o por la precariedad económica familiar, etc. Por lo tanto, frecuentemente se ven obligados a elegir algún centro, donde tal vez la estructura de funcionamiento o el personal que trabaja no es el ideal. En este caso, no es cuestión de rendirse y tirar la toalla. Se pueden aprovechar estas circunstancias para educar a los niños en su capacidad de manejar de manera coherente y saludable en entornos poco posibilitadores o, incluso, donde se utilizan límites y normas incongruentes que frenan y / o interfieren el proceso evolutivo de el alumno / a, en lugar de estimular su curiosidad natural.

Alguien, con toda la razón del mundo, pensará o dirá que eso no debería ser así, pero hay que decir que hay que educar a los niños para vivir en un mundo que no es perfecto, para saber convivir en entornos de que deberán protegerse para evitar contaminarse de energías, de emociones y de conductas claramente destructivas.

Llegada la adolescencia, la cosa se complica si durante la infancia, cuando el entorno lo deciden los padres, no se ha tenido cuidado de elegir entornos holísticamente saludables. La razón es bien sencilla. En la adolescencia los chicos y chicas necesitan irse independizando de los padres para poder conocerse mejor a sí mismos y aprender a ser progresivamente más autónomos. Intentar influir, por parte de los padres, en sus hijos / as adolescentes, a veces puede ser más negativo que positivo. Tan negativo puede ser provocar actitudes y conductas reactivas de oposición como una actitud de sumisión que frenará su proceso de maduración, produciéndose un estancamiento evolutivo.

Por lo tanto, como ocurre en todos o la mayoría de los proyectos que nos proponemos desarrollar, un buen comienzo es garantía de futuro.

Recuperamos el ejemplo clásico que ya ponían nuestros abuelos: si un árbol crece torcido desde pequeño, será muy difícil -o imposible- enderezarlo cuando será un árbol grande.

Invito a los padres / madres a poner conciencia en la importancia de la educación de los hijos desde el principio. Es necesario que los padres / madres asumen esta responsabilidad, que es inherente a su maternidad y paternidad, pero no deben olvidar que su hijo / a necesita, de manera dosificada y progresiva, diversidad de referentes para estimular los diferentes aspectos del potencial vital de que la han hecho depositario.

Esto significa que el entorno cercano (familia, amigos y amigas) no deben reproducir exactamente las mismas pautas educativas de los progenitores. Es obvio que tampoco deben ser contradictorias con las de los padres. Deberían ser complementarias y facilitadoras de una conciencia más amplia y con capacidad de comprender e integrar la gran diversidad de formas que la vida puede tomar, tanto la de dentro de nosotros como la de fuera de nosotros.

Para terminar, quiero explicar un hecho real, que puede ser un ejemplo sencillo de lo que he intentado transmitir en este artículo. Por respeto a la privacidad de las personas implicadas, utilizo nombres diferentes a los reales.

Una pareja, Pau y Ona, han tenido el segundo hijo, el Jan. Dos personas, familiar una y amiga de la pareja la otra, que aún no habían tenido la oportunidad de conocer personalmente el recién nacido, han ido a visitarlos. Esta pareja, además de un hijo de menos de dos meses tienen una hija de casi 3 años, Arlet. Los dos visitantes están informados de cómo actúan los padres para no fomentar los celos de la niña ante el nacimiento de su hermano. Integran su hija en la atención al hijo en las tareas que lo permiten.

Cuando los dos visitantes están a punto de llegar a la casa acuerdan que primero saludarán la niña y le pedirán que les enseñe su hermano. Al llegar, el padre ya los espera en la puerta con la hija en brazos, facilitándoles la materialización de lo que habían acordado. La actitud y conducta de los visitantes ha sido solidaria y ha reforzado la forma en que los padres tratan a sus hijos, fomentando actitudes y modos de actuar que no alimenten los celos de la hija en relación a su hermano bebé. La niña tiene una relación excelente con su hermano, con total ausencia de celos.

Muchos de los conflictos que se generan en los niños a menudo son provocados por la actitud y forma de actuar de los adultos, evidentemente de manera bienintencionada pero desacertada. El hijo o hija que, durante un tiempo, ha sido el único centro de atención de los padres y de la familia es obvio que se le despierte celos si al nacer un hermano o hermana, todo el foco de atención por parte de los padres y de su entorno, que antes se centraba en él o ella, de repente se centre casi exclusivamente en el recién nacido.

Algo parecido se podría decir de muchas otras actitudes y conductas patológicas tan frecuentes en los niños.

Como cierre podríamos afirmar que las actitudes y maneras de actuar de los padres deben estar sostenidas por el entorno más cercano, y los familiares y amigos deben procurar que todo lo que dicen o hacen sea inclusivo e integrador.

Ramon V. Albareda
Psicólogo. Teólogo. Sexólogo
Creador de ESTEL, Centro de Crecimiento Personal y
Escuela de Estudios Integrales

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2018-10-13T14:09:41+00:00

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