SEXUALIDAD ADULTA I

En los seis artículos sucesivos me propongo abordar el tema de la sexualidad adulta. En el primero veremos algunos datos muy resumidos, que nos darán una visión global de cómo ha evolucionado este aspecto de la existencia humana en diferentes culturas a lo largo de la historia. En el segundo me centraré en la primera mitad del s. XX. En el tercer veremos la segunda mitad del s. XX y hasta la actualidad. El cuarto y el quinto estarán dedicados a la deconstrucción del mito del orgasmo e intentaré hacer algunas reflexiones prácticas, que considero muy importantes para una nueva visión de la sexualidad, tanto femenina como masculina, y en el sexto y último, que probablemente llevará por título SEXUALIDAD ADULTA: integración de sexualidad y espiritualidad, compartiré algunos de los conocimientos sobre el tema, destilados a lo largo de una larga e intensa experiencia de trabajo práctico con la sexualidad Holística, tal y como la entendemos dentro del enfoque de Transformación Holística, que podrían ser la base para una sexualidad que sea de verdad “hacer el amor”, es decir, facilitar que la VIDA y el AMOR se encarnen en nosotros, nos trasciendan, “contagien” vida y amor a nuestro entorno, y nos vinculen al INFINITO. Este podría ser un verdadero camino para volver a CASA.

SEXUALIDAD ADULTA I: Datos históricos

Reflexionar sobre la sexualidad humana, y cómo ha evolucionado a lo largo de la historia, abre una perspectiva de uno de los aspectos vitales para la humanidad como función reproductora, como acto erótico, y siendo una consecuencia de la satisfacción del deseo sexual. Sin embargo, los términos sexo y sexualidad evocan cosas diferentes, a pesar de que, en el lenguaje cotidiano, se tienda a utilizar los dos indistintamente.

Por una parte, el sexo tiene una mera función fecundadora. Lleva a la reproducción de la especie, perpetuando su existencia; esta conducta se puede también observar en diferentes especies del reino animal. En cambio la sexualidad es un aspecto característico del ser humano que implica, además del sexo como función reproductora, otros aspectos como el género, la orientación sexual, la identidad sexual, cuestiones emocionales y, sobre todo, aspectos culturales, definidos para la sociedad y la época.

A continuación presento este tema como un fenómeno psicosocial, donde citaré algunas de las referencias más significativas sobre la cultura de la sexualidad; su forma de comprenderla y de vivirla en sociedades antiguas hasta nuestros días, partiendo de la época de la prehistoria hasta la actualidad.

Prehistoria

A lo largo de la historia han existido diferentes manifestaciones de la sexualidad como parte de las conductas humanas. En la época de la prehistoria seguramente que esta conducta ya estaba presente. En esta época la práctica consistía, principalmente, en el coito como función reproductora, obviando el placer como una connotación consistente. Es posible que, gracias al descubrimiento de la agricultura, los primeros seres humanos contaran con una mayor disponibilidad de tiempo, lo que les facilitaría la exploración de aspectos del sexo relacionados con el placer. Algunas de las evidencias de las manifestaciones de la sexualidad de esta época se encuentran en pinturas rupestres y figuras talladas de genitales, elaboradas por los primeros seres humanos racionales.

El antiguo Egipto

Si nos referimos a las primeras sociedades humanas de la historia, encontramos que no todas presentaban represiones a las diversas prácticas y preferencias en torno a la sexualidad. Una evidencia de ello es el antiguo Egipto, donde el acto sexual era comprendido de una manera igualitaria y permisiva. La sexualidad era una representación asociada con la creación y era considerado un aspecto esencial. Tampoco existen pruebas de represiones referentes a la homosexualidad. Además existía una concepción diferente en relación a la prostitución, la cual podía ser considerada como un acto sagrado en aquel tiempo. Las feladores eran también una forma de prostitución en que las mujeres ofrecían sexo oral a cambio de una remuneración. El incesto y el adulterio eran prácticas socialmente aceptadas. El divorcio era algo común, mientras que la infidelidad solía ser castigada en las mujeres.

La antigua Grecia

Las características de la cultura griega antigua son de tal relevancia que perduran y son estudiadas en la actualidad; tanto en la filosofía, la literatura, la música, la educación, la medicina, incluida la sexualidad. Ya desde la antigua Grecia, la sexualidad es considerada como un tema educativo. La práctica sexual, en esta cultura, no tiene sólo una connotación de reproducción de la especie, sino que el placer, el hedonismo y el erotismo son un eje de la concepción del sexo. Había una total tolerancia de la infidelidad y de la homosexualidad. Las orgías eran permitidas y la belleza del cuerpo humano era una cuestión digna de admiración para los griegos.

Algunos expertos en el tema afirman que las esculturas griegas llamadas Bronces de Riace, que estaban dotadas de un miembro sexual pequeño, era porque se consideraba un elemento estético apreciado y como un concepto de belleza que representaba la moderación y era un elemento estético propio del macho alfa. Además la virginidad o las vestales eran motivo de culto y admiración.

Antigua Roma

Tal vez uno de los datos más popularizados sobre esta sociedad, eran la permisividad y las “orgías romanas”. Sin embargo, hay que tener en cuenta que muchos de los testigos de aquellos actos provienen de autores cristianos, los cuales posiblemente censuraban y apuntaban a la depravación de los romanos. También existen investigaciones que argumentan que la homosexualidad era mal vista, y que la cultura romana se caracterizó por una idea de la sexualidad como manifestación de control. Así que consideraban que un hombre penetrado, o bien los hombres prostituidos no tenían control y, por tanto, perdían este valor. La masculinidad tomaba un protagonismo especial en la historia de la sexualidad de la antigua Roma, y ​​el rol de la mujer, en aquella sociedad, era muy limitado. El adulterio también era mal visto, dependiendo de la gravedad y de las implicaciones.

Con todo lo expuesto anteriormente, podemos afirmar que la sociedad romana vivía con tabúes y prohibiciones respecto de la práctica de la sexualidad. El motivo por el que existe la idea de una Roma promiscua y liberal es una negativa interpretación de los vestigios y manifestaciones como pinturas y textos de la antigua Roma.

Babilonia

En la antigua Babilonia, así como en otras culturas, existía una idea de la sexualidad como algo sagrado. La mujer era un símbolo de fertilidad y un símbolo sexual. Por otro lado también nos encontramos con una sociedad, donde existen ciertas prohibiciones, como por ejemplo el rechazo por la infidelidad femenina. En este sentido, la mujer que presentaba conductas sexuales fuera de lo socialmente aceptado en aquel tiempo era reprimida y castigada. En cambio al hombre le era permitido tener más de una pareja o concubinas.

Japón

Las geishas son un elemento característico de esta cultura. En el origen eran sólo hombres, y eran considerados como profesionales del entretenimiento, en la que, además del erotismo, se mezclaban elementos de la cultura y el arte de Japón. Por otro lado existía también el Shunga, que eran representaciones gráficas de escenas sexuales, tanto heterosexuales como homosexuales, y también orgías. Estas viñetas iban más allá de la pornografía, ya que, además de ser escenas explícitas, eran herramientas populares entre los siglos XVI y XVIII, utilizadas como elementos educativos para los que todavía no habían tenido su primer contacto sexual. Actualmente estas viñetas son consideradas representaciones artísticas y una muestra de cuál era la percepción sexual en aquella época, dada su connotación erótica.

Islamismo

El islamismo se caracteriza por un notorio interés en la sexualidad. Existen multitud de referencias literarias, en el que destaca la investigación y comprensión de los placeres carnales. Y, aunque existen muchos libros sagrados sobre el sexo, quizás la obra más representativa sea el Kama Sutra, en la India islámica. En esta obra, además de mostrar sesenta y cuatro posturas sexuales y ocho de principales, también toca otros temas, como la elección de esposa, la atracción, y las cortesanas entre otros contenidos. Pero, a pesar de la apertura de la sociedad islámica con los temas de la sexualidad, también se caracterizó por la represión de la figura femenina y por un machismo muy marcado.

Culturas precolombinas

Hasta la llegada de los españoles, las manifestaciones de la sexualidad eran ampliamente aceptadas. Existía una concepción espiritual y cósmica entorno del acto sexual, así como una idea de la sexualidad unida estrechamente a la fertilidad. Existían, además, técnicas sofisticadas para el acto carnal. Los actos sexuales no eran vistos con censura ni eran motivo de vergüenza.

En el México precolombino la sexualidad también tenía cierta consideración como un placer mítico, e incluso la práctica era considerada algo natural en la que también, posiblemente, se realizaban prácticas sexuales bajo la influencia de alucinógenos y afrodisíacos. La sexualidad era considerada como algo importante para la reproducción, el adulterio podía ser castigado, y las relaciones sexuales se daban dentro del matrimonio y podían llegar a ser polígamas.

En estas sociedades, a las deidades relacionadas con el amor se les daba mucha importancia. La homosexualidad no era mal vista, ya que incluso entre los mayas existía el culto a la luna como una diosa de la creación, de ambos sexos o bisexual. Así pues para los mayas no existían distinciones entre los heterosexuales y los homosexuales.

Sociedad Judaica Cristiana

Aunque los judíos han sido la primera cultura en reprimir la sexualidad, no ha sido la única en reprimirla. No obstante esta represión continúa teniendo influencia en la actualidad en muchas sociedades. Es a partir de la institucionalización de la religión católica que empiezan las prohibiciones de las prácticas sexuales como un acto de placer, siendo sólo permitido el sexo procreador, ya que se consideraba que este aspecto de la vida humana era vulgar y alejaba de Dios. Esta idea de la sexualidad marcó a muchas sociedades europeas, y posteriormente, con la colonización, también en América, que sería influenciada por aquella fuerza política represora, en la que, además, la mujer era considerada como un objeto sexual.

En la Europa medieval también se conservaron estas censuras a la libre práctica sexual, con connotación moralista. La mujer sigue siendo vista como un ser maligno que corrompe al hombre, el erotismo, la homosexualidad y el desnudo eran severamente castigados. La castidad era considerada una virtud, y la mujer virgen era sinónimo de respeto y de gran virtud. De ahí surgen los cinturones de castidad como utensilios que ayudaban a conservar la virginidad hasta llegar al “santo matrimonio”, donde se permitía el acto carnal entre los esposos únicamente para la procreación.

En el renacimiento la filosofía Teo-centrista pierde protagonismo y, como consecuencia, hay una revolución ideológica que se ve reflejada en las manifestaciones artísticas, como la pintura, la música y la literatura, en la que la figura y belleza humana es ensalzada, y la sexualidad adquiere valor y admiración, y la mujer se considera una figura o icono de la sexualidad. El interés y los conocimientos sobre las implicaciones de la sexualidad aumentan, y se abandonan las ideas tradicionales establecidas por la iglesia católica.

Época Victoriana

Uno de los aspectos más relevantes es la influencia de las ideas religiosas, la moralidad y la represión de las prácticas carnales en la época victoriana. Es aquí que se generan una serie de tabúes y mitos respecto de la sexualidad, que infunden el miedo y la culpabilidad respecto del acto carnal. El sexo era considerado un acto repulsivo, pero necesario. Existía una “doble moral sexual”, en dónde las relaciones sexuales y el erotismo eran censurados. Sin embargo, a pesar de las costumbres puritanas y lo considerado políticamente correcto, el fenómeno de la prostitución tenía su lugar y era muy generalizado en esta sociedad, así como conductas sexuales como la homosexualidad, abuso infantil y las orgías que se practicaban de manera oculta.

Un hecho curioso de la era victoriana era la llamada histeria femenina, que era un tema de interés médico, donde se pretendía solucionar los males que afectaban a las mujeres y sus síntomas. El método consistía en un masaje pélvico que intentaba hacer llegar la mujer a un paroxismo histérico, es decir, al orgasmo. En el Reino Unido aparecen los primeros preservativos fabricados con látex, ya que anteriormente se fabricaban con materiales como el cuero y las tripas de algunos animales.

Actualidad

En gran parte de occidente y en algunas culturas orientales, es posible encontrar una revolución referente a la sexualidad. Son muchos los factores y movimientos sociales que han contribuido a una nueva visión de este aspecto de la vida humana. Desde la segunda mitad del siglo pasado y hasta nuestros días cada vez existen menos tabúes en relación con este tema. Con la incorporación de las nuevas tecnologías y, principalmente, con la llegada de internet, es posible encontrar una gran abundancia de informaciones, opiniones y perspectivas sobre la sexualidad.

Más allá de la popularización de los contenidos pornográficos en la red, existe una amplia difusión sobre la igualdad de género, temas sobre la orientación sexual, el erotismo, fetichismo, parafilias, contenidos educativos, relatos y literatura erótica, información y datos de estudios científicos y nuevos descubrimientos de implicaciones psicológicas y fisiológicas de la sexualidad. El acceso fácil a todos estos contenidos trae como consecuencia nuevas formas de ver el mundo de la sexualidad.

El fenómeno de la sexualidad cada vez tiene un lugar más significativo en las sociedades modernas, que se manifiesta en los actuales estilos de vida en muchas culturas. Las familias polí amorosas, las parejas abiertas, la homosexualidad, la bisexualidad, las parafilias sorprendentes, el orgasmo en ambos géneros, etc. son temas que cada vez despiertan un mayor interés colectivo en la sociedad actual, dándose una amplia aceptación del erotismo y de la sexualidad como parte de la esencia humana.

Como conclusión podemos afirmar que, a lo largo de la historia y en las diferentes culturas, se ha dado un espectro de posicionamientos muy diversos, que van desde la represión a una total permisividad. Esto quiere decir que el verdadero sentido y función de la sexualidad, más allá de la procreación, aún sigue siendo un terreno virgen, por descubrir. Es la misma sensación que tuve, en relación con la espiritualidad, cuando respiré la energía en el Norte de Israel. Percibí intuitivamente que el verdadero mensaje de Jesús aún no ha sido captado en su novedad, pureza y autenticidad.

 

Ramon V. Albareda
Teólogo, Psicólogo y Sexólogo
Creador y asesor de ESTEL, Centro de Crecimiento Personal y
Escuela de Estudios Integrales
Co-creador del enfoque llamado Transformación Holística
y de una de sus aplicaciones, la Sexualidad Holística

2020-03-22T18:57:20+00:00

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