Trayectoria personal: Integrando la Transformación Holística. Mercè. 60 años.

Trayectoria personal: Integrando la Transformación Holística. Mercè. 60 años.

Destacamos, Vida a Estel

9 de abril de 2020

Pienso que es bueno que las personas expliquemos nuestra experiencia vital, por si puede ser inspiradora para otras personas. También para hacer visibles muchas posibles opciones de vida, enriqueciendo y transformando las normas sociales que tienden a uniformizarnos.

Me animo a hablar de mi historia, de abrir mi intimidad para poner mi granito de arena en el proceso de “cambio de mirada” que tanto necesitamos, las personas y el planeta, en este siglo XXI.

Mi proceso de maduración personal ha sido posible, en gran parte, gracias al enfoque de Transformación Holística de ESTEL, Centro de Crecimiento Personal y Escuela de Estudios Integrales, de Barcelona.

Llegué a Estel a finales de 1986. Me lo había recomendado mi médico de cabecera. Estaba en la última fase de un proceso de separación que había durado cinco años y que había implicado un desgaste energético, emocional y mental inmenso.

Con el nacimiento de mi único hijo, vi que mi pareja no me apoyaba en la responsabilidad que conlleva tener un hijo, que estaba sola. Que mi relación de pareja había perdido el sentido, que teníamos muy poco en común. Yo, que estaba educada en valores totalmente tradicionales y con una autoestima baja, afronté el proceso de separación. En aquella época no era habitual separarse y aún estaba muy mal visto a nivel social.

Llegar a Estel significó darme permiso, por primera vez en mi vida, para hablar de lo que sentía, de lo que necesitaba, de mis miedos, de mis ilusiones. Pude abrirme en un entorno cuidado, que me escuchaba, acogía, no me juzgaba y reconocía mis anhelos como legítimos.

Me separé en mayo de 1987 de una manera amistosa, aunque el proceso fue largo y muy complejo. Yo no tenía ni idea de cómo organizar mi nueva vida. Sabía lo que no quería, pero lo que deseaba, lo que necesitaba, era totalmente desconocido. Me había casado con el chico que tenía desde los quince años, me había movido en un terreno “muy pequeño”, tanto en el ámbito social como personal.

Después de una infancia carente de referentes femeninos, de acogimiento, a causa de la muerte muy prematura de mi madre y un ambiente familiar muy cerrado, yo era una “analfabeta” en lo que respecta al autoconocimiento, a las sensaciones corporales, energéticas y emocionales. Tenía una mente que se había construido sin entender la propia naturaleza interior, tratando de gestionar un mundo de angustias y miedos desde la contención, y reprimiendo mucho mi naturaleza y, como consecuencia, sin comprenderme.

Los primeros años, una vez separada, entré en contacto con amigas y su grupo de amigos. Me sentía frustrada en aquel ambiente, sentía que quería “vivir”, “vibrar”, “entusiasmarme” y en ese entorno no encontraba “el alimento” que necesitaba.

Los primeros años de contacto con Estel me inscribí en unos cursos grupales de Sexualidad Holística que impartían Ramón V. Albareda y Marina T. Romero. Sentí que había encontrado un CAMINO para conocerme, unas relaciones sociales basadas en la sinceridad, el acogimiento incondicional, el amor. Sentía que en aquel ambiente podía experimentar e ir descubriendo, poco a poco, mi auténtica personalidad y al mismo tiempo establecer relaciones y vínculos sociales “auténticos”, donde toda yo cabía, donde podía mostrarme más como era, y experimentar conmigo misma en un entorno protegido y cuidado.

Pude experimentar el deseo, la atracción, el enamoramiento, la solidaridad, la amistad…fui poniendo LUZ a mi manera de ser y de sentir, construyendo paso a paso mi autoestima. Una autoestima que había sido, hasta entonces, solo sostenida por mi éxito en los estudios y en la profesión de maestra.

Viví el sentirme enamorada, que podía despertar atracción en los hombres, hecho totalmente nuevo para mí. Yo había vivido la adolescencia y la juventud sintiéndome muy fea, porque los chicos “ni me veían”.

Construimos una relación de pareja y familia con un compañero que conocí en Estel, y con mi hijo. Esta relación me dio fuerza para tomar distancia de mi padre y de la casa familiar. Fue un paso que me costó mucho dar, porque en la cultura tradicional de la que estaba impregnada, se consideraba egoísmo dejar a un padre viudo que no sabía hacer nada de las tareas del hogar y de lo que yo siempre había cuidado.

Estel estuvo muy presente en mi proceso de poner LUZ a la hora de interpretar lo que sentía, decidir lo que era más constructivo en aquella situación y hacerlo intentando no entrar en lucha conmigo misma, ni con el entorno.

He podido dar pasos muy importantes y necesarios en mi vida gracias al apoyo, la sabiduría, el amor incondicional, en especial de RAMÓN, que me ha acompañado, ha puesto LUZ en mi camino en muchas ocasiones y a lo largo de mi vida. No tengo palabras para agradecerle todo lo que ha hecho, acogido, iluminado.

La educación de mi hijo ha sido la tarea más difícil que he emprendido. He sentido desde que nació un sentido de responsabilidad intensísimo en relación a él. Mi vida había sido muy difícil, por la intensidad de las contradicciones internas, por la falta de referentes y acogimiento que había recibido de mi familia. Sentía que debía protegerlo de “la dureza de la vida”. Sentía que no lo lograba, vivía con mucho dolor sus dificultades de orden, de estructuras, de organización, y veía poco sus cualidades (como tampoco veía las mías). Sentía que sin las cualidades que yo valoraba no saldría adelante en un mundo que yo consideraba hostil y competitivo. No me daba cuenta de que él tenía otras cualidades.

Desde mi gran dificultad para ver, proteger y dar canales de expresión a mi feminidad con las cualidades de ternura, amor incondicional, espíritu constructivo, colaboración con las personas del entorno (visión no competitiva), tampoco veía en mi hijo estas cualidades, que él también tiene. Me fijaba más en lo que le faltaba, que no en la riqueza de su potencial.

Hasta ahora sentía que no podía “ser feliz” si mi hijo no lo era, había una relación de dependencia mía respecto a él. Ahora siento que mi potencial tiene todo el derecho a expresarse, que yo lo proteja, lo mire y lo valore, de forma que pueda abrirme al placer, a la alegría de vivirme. Siento que mi hijo ya tiene el potencial, como persona adulta que es, para enfocar su vida de una manera constructiva y rica, que yo debo estar disponible por si me pide ayuda, pero confiar en él y en la VIDA. Mi tarea es dar canales, espacios y protección a mi feminidad para que se pueda mostrar con toda su riqueza e intensidad.

Mi mente siempre ha tenido buena voluntad, pero las contradicciones internas han sido tantas y los referentes sociales tan equivocados que el camino ha sido muy largo, las dificultades muchas, pero el proceso muy enriquecedor, muy nutritivo, apasionante y tengo claro que sin la ayuda de Ramón, Marina y de muchos compañeros que he conocido en Estel no podría haber evolucionado por caminos constructivos y evolutivos. Han sido “un faro” para mi mente que a menudo se sentía en alta mar, desorientada en una noche de tormenta.

Quiero remarcar la riqueza de la relación que tengo con Glòria B. Playà, coordinadora actual de Estel, como amiga pero también como terapeuta, sus talleres han facilitado descubrimientos esenciales en esta última parte de mi vida.

¿Cómo veo mi historia ahora, después de treinta años de proceso personal?

Después de muchos años de investigación de mi personalidad me doy cuenta de que llevo con mucha fuerza la herencia de la energía de mi madre. Una energía muy tierna, muy intensa, muy espiritual y muy frágil. Una energía muy femenina, muy receptiva. También llevo la grabación de que esta energía femenina ha sido utilizada por la energía masculina, proclive, pero nunca vista, valorada, reconocida, y por lo tanto se ha generado una lucha entre estos dos mundos.

Hubo un momento clave en mi infancia. Mi madre murió cuando yo tenía siete años, toda la familia estaba muy triste pero yo no, yo sentía que volvería y vivía como una contradicción el dolor de los que me rodeaban. Al cabo de un año, por Todos los Santos, fuimos al cementerio a llevar flores y al ver el nicho cerrado, pensé que de allí no se podía salir y entendí que no volvería nunca. Pasó un hecho muy grave que marcó toda mi vida posterior: Dejé de confiar en lo que yo sentía, me desconecté de la energía femenina, de la herencia que mi madre tan intensamente había depositado en mí. Perdí la conexión con la alegría, la creatividad. Mi energía proclive y mi mente comenzaron a mirar hacia afuera, hacia las normas sociales e intentaron adaptarse y protegerse de la enorme fragilidad y dolor interior.

Mi familia era muy cerrada, en mi casa se hablaba muy poco, y nunca de emociones o sentimientos. Yo no hablaba con nadie de lo que sentía, nunca tuve unos brazos que me protegieran. Mi energía masculina, proclive, y mi mente vivían instaladas en el MIEDO y buscaban la aprobación del entorno; ya tenía suficientes problemas en el interior con mi vulnerabilidad y dolor como para tener problemas también en el exterior.

Pero nuestra cultura ha sido profundamente machista, y alejada de la actitud de mirar hacia adentro. Me he educado mirando tanto hacia afuera que no he sabido ver mis cualidades femeninas: la escucha, gestación de vivencias, contención, reflexión, contemplación, la constructividad, no competitividad… y este mundo se ha sentido triste, vulnerable. Mi mente se ha pasado la vida sin entender lo que pasaba en el interior, solo sabía que era muy vulnerable, que el dolor y la lucha interior eran muy intensos.

Mi trabajo en Estel ha sido intenso, el proceso de sanación ha sido lento porque ha sido necesario crear unos referentes nuevos e ir deshaciendo “nudo a nudo” los conflictos de mi compleja personalidad. Aún ahora, después de muchos años de trabajo e investigación, me doy cuenta de que mi energía masculina tiene dificultades para defender, valorar y PROTEGER mi naturaleza interior. Continúo siendo bastante vulnerable, continúo teniendo algunas dificultades para verme en mis cualidades y para protegerme y afirmarme respecto de un entorno social poco femenino y bastante contaminado.

Mi vida de estudiante y posteriormente profesional han sido un pilar, donde se ha nutrido la autoestima, fuente de aprendizaje, de canalización de mi potencial. La profesión de maestra me ha permitido darme a los demás, construir conjuntamente con mis compañeras de escuela un proyecto genuino y motivador que ha sido una vía para canalizar mi potencial, tanto femenino como masculino. La progresiva maduración personal, potenciada por mi trabajo en Estel, se ha entrelazado con la evolución como profesional y como persona. La visión holística de la vida ha impregnado la tarea como maestra y como directora en lo que respecta al trato dado a niños y niñas, familias y compañeros/as. Me siento contenta de mi vida profesional donde se han implicado todos mis niveles: corporal, energético, emocional y mental, también mis polaridades y la dimensión individual y social. Me siento especialmente satisfecha de haber ejercido una dirección participativa, creando estructuras donde el potencial de mis compañeras y compañeros se pudiera canalizar y favorecer un proyecto común. También me siento muy contenta de haber materializado un proyecto de Educación Emocional que enriqueció a niños/as, maestros y familias.

En mis relaciones afectivas he evolucionado desde una relación totalmente tradicional y cerrada o poco rica como consecuencia de nuestra inmadurez y de la estructura social del matrimonio que siento como muy limitadora, hacia formas más abiertas, más respetuosas con el propio impulso energético, relaciones donde la propia individualidad conserva su espacio y enriquece la relación de pareja. Una relación de naranjas enteras, celebrando la convergencia e integrando la divergencia.

Mi relación de pareja actual está basada en el respeto mutuo, en enfoques un poco diferentes sobre el sentido de la vida, la espiritualidad, la energía; pero al mismo tiempo siendo muy honestos y constructivos, cultivando el amor, el respeto, dándonos apoyo, acogiendo también en la diferencia y sobre todo dejando espacio a la individualidad y a los propios proyectos de vida y al propio ámbito de relaciones sociales. Practico el valor de la inclusión de un extremo y el otro, de una polaridad y la otra, de su visión y la mía. Estoy inmersa en la necesidad de mostrarme más desde mis valores, desde mi filosofía de vida. He tenido más capacidad para integrar en mi vida lo que él es, que en explicar, argumentar cuál es mi visión en los temas que me dan sentido. He tenido más guardado lo que yo soy por miedo a no poderlo defender, proteger y como consecuencia a vivir el dolor del menosprecio de aquello que para mí es profundamente valioso: La visión Holística de la Vida, el trabajo constante de depuración de mi energía, de mi personalidad, de ir abriéndome a los valores de mi feminidad, a trabajar para mantenerme en actitudes constructivas y evolutivas respecto a mí misma y a la sociedad en que vivo. Estoy en el camino de aprender a confiar en la VIDA.

Como fruto de mi experiencia siento que LA TRANSFORMACIÓN HOLÍSTICA es un paradigma muy valioso, basado en la Naturaleza y que ha referenciado mi proceso de evolución personal. Estoy muy contenta de los valores que me alimentan, de VIVIR Y sentir que soy, cada vez más, un ser que transmite energía constructiva, integradora, armoniosa, de AMOR HACIA MÍ MISMA Y HACIA MI ENTORNO.

Deseo que la luz y el amor que han acompañado mi proceso personal, acompañen también a todas las personas que trabajan en su propio proceso de transformación holística, para su propia salud y la salud del planeta.

Mercè