Esta etapa representa el reencuentro, la vuelta a la comunidad, a la familia del corazón.
Después de años de investigación y expansión, Estel se transforma en un espacio de inclusión, donde la vida compartida se convierte en camino y aprendizaje.
Nacen las relaciones AMI, basadas en el amor incondicional, y la gestión del centro adquiere un sentido más humano, más holístico.
Ramón, ya como sabio acompañante, y Glòria impulsan espacios de encuentro y práctica, manteniendo vivo el espíritu de Estel.
El enfoque evoluciona y adopta un nuevo nombre: Transformación Holística, expresando la unión entre cuerpo y alma, entre la intimidad y el mundo.
A partir de aquí, el trabajo se convierte en comunitario: un tejido vivo, autogestionado, que sigue respirando el mismo latido de origen.
