En esta primera etapa, Ramón siente con fuerza la convicción de que los seres humanos pueden vivir con más plenitud y felicidad.
Desde el contacto con la naturaleza, los valores familiares y el aprendizaje del silencio y la presencia en el seminario, nace en él una inquietud profunda: comprender al ser humano en toda su dimensión.
Sus experiencias como vicario en Mollerussa y en la Barceloneta le muestran las limitaciones de las estructuras existentes y le impulsan a crear espacios nuevos para el crecimiento personal.
Con el grupo La Corda, experimenta el valor de la comunidad, la diversidad y la unidad, como reflejo de la vida misma.
La necesidad de fundamentar este camino le lleva a estudiar teología y psicología, buscando una síntesis entre ciencia y espíritu.
De este proceso de búsqueda y convicción nace la semilla de lo que será Estel, un espacio para entender y vivir la vida con mayor conciencia, amor y autenticidad.
