Esta etapa marca la consolidación de la filosofía de Estel en el paradigma de las cuatro estaciones, una forma de entender la vida como un proceso natural de transformación.
Ramón y Marina unen sus miradas para dar forma a un enfoque holístico que integra cuerpo, energía, emociones y mente, en armonía con los ritmos de la naturaleza.
Se crean nuevos espacios, formaciones y publicaciones que reflejan esta visión: el ser humano como organismo vivo, dinámico e interconectado.
Estel se convierte en una escuela que enseña a leer la vida a través de sus movimientos, a reconocer en cada etapa un aprendizaje esencial. El trabajo terapéutico se hace más profundo, la comunidad crece y la búsqueda adquiere una dimensión espiritual.
En esta etapa, el movimiento de la vida se convierte en la gran maestra —y el paradigma de las cuatro estaciones, su voz.
